Hay historias que no nacen para ser contadas,
pero que necesitan ser escritas para poder sobrevivir.
La niña fragmentada no es solo un libro.
Es una vida abierta.
Es la voz de una niña que aprendió demasiado pronto a callar, a resistir y a seguir adelante cuando el mundo se volvió oscuro.
Querido lector,
gracias por atreverte a entrar en esta historia que nace del dolor, pero también de la necesidad de seguir viviendo.
Durante muchos años, el silencio fue mi refugio. No porque no doliera, sino porque era la única forma que conocía de no romperme del todo. Escribir estas páginas fue volver a caminar por lugares que duelen. Fue mirar de frente a la niña que fui y a la mujer que tuvo que aprender a sostenerse sola, entre el miedo, la enfermedad, las ausencias y las heridas que nunca terminaron de cerrar.
No escribí para gustar.
No escribí para buscar compasión.
Escribí porque necesitaba decir la verdad, aunque doliera.
Este libro es:
Una historia real, sin adornos.
Un testimonio de supervivencia y memoria.
Un relato de infancia difícil, violencia, trauma y resistencia.
Una voz que transforma el dolor en verdad.
Una lectura que no se olvida.
Esta es una historia real de infancia difícil, violencia, trauma y supervivencia. Pero también es un relato de resistencia, fe y reconstrucción. Un testimonio honesto sobre cómo incluso desde la fragmentación se puede seguir viviendo.
Si estás leyendo estas líneas, quizá también cargues con una historia que pesa. Quizá sepas lo que es sentirse roto por dentro y aun así seguir respirando. Ojalá este libro te haga sentir acompañado, comprendido, menos solo. Ojalá te recuerde que no todo lo que se rompe desaparece.
Hay heridas que no se curan, pero se transforman cuando se nombran.
Hay silencios que solo sanan cuando se rompen.
Este libro es mi forma de romperlos.
Gracias por leerme.
Gracias por sostener mi historia con respeto.
Gracias por permitir que esta niña fragmentada exista también en ti.
Con todo mi corazón,
Isabel Monteagudo Yera