En 1948, la guerra civil asola el campo chino, pero en la zona rural de Shandong, los Ang —una familia adinerada y terrateniente—, están más preocupados por no tener un heredero. Hai, la mayor de cuatro hermanas, pasa sus días cuidando de las pequeñas. Di, un año menor y de carácter fuerte, aprende a ocultarse a plena vista, y su madre —maltratada por la familia por no haber dado a luz a un varón—, encuentra pequeñas formas de rebelarse desde su cocina. Cuando el ejército comunista se acerca a su pueblo, el resto de la próspera familia huye, dejando atrás a las niñas y su madre, pues las consideran bocas inútiles que alimentar.
Sin un varón al que castigar, los cuadros comunistas que confiscan tierras eligen a Hai, como hija mayor, para que rinda cuentas por los crímenes de su familia. Apenas sobrevive a su brutalidad. Al darse cuenta de que lo peor está por venir, las mujeres trazan un plan de huida. Hambrientas, sin un centavo, pero inteligentes, falsifican permisos de viaje y emprenden un recorrido de cientos de kilómetros para enfrentar a la familia que las abandonó.
Desde el campo hasta la bulliciosa ciudad de Qingdao, pasando por el Hong Kong británico y finalmente Taiwán, son testigos del cambio de una nación y del sufrimiento de las multitudes atrapadas por la revolución. Pero con la pérdida de su hogar y de la vida que conocían también llega una nueva libertad: la de tomar las riendas de su destino, liberarse de las cadenas impuestas por su género y reclamar su propia historia.
Contada con una prosa segura y evocadora, y con personajes perfectamente retratados, Hijas de Shandong es una poderosa y esperanzadora historia sobre la resiliencia de las mujeres en tiempos de guerra, el amor inquebrantable entre madres, hijas y hermanas, y los sacrificios que se hacen para levantar a las generaciones futuras.