Una novela que bebe de las mejores aventuras de ciencia ficción y fantasía con una protagonista que se ve arrastrada por una historia de amor y venganza capaz de desgarrar el tejido del espacio-tiempo.
¿Y si una simple sesión de meditación te arrancara del cuerpo… y del mundo?
Alex, una joven trans atrapada en la ansiedad y el desencanto, encuentra en la meditación guiada su único refugio. Pero un día, algo cambia: su conciencia se desprende y despierta en un cuerpo robótico, en mitad de una guerra intergaláctica que no comprende.
En ese nuevo cuerpo ya no necesita respirar, ni dormir, ni sentir dolor. Pero tampoco sabe quién la ha llevado allí… ni por qué. Cada vez que realiza una sesión de meditación, salta a otro mundo, otra forma, otra vida, otro tiempo. Y poco a poco descubre que su viaje no es un accidente: alguien —o algo— la necesita.
Al otro lado del cosmos, un ser milenario —último superviviente de una civilización destruida por su propio dios— busca sentido a su existencia y redención por sus actos. Sus caminos no deberían cruzarse. Pero cuando lo hacen, las reglas del universo empiezan a resquebrajarse.
Identidad, memoria, amor y propósito se entrelazan en una odisea cargada de simbolismo, crítica social y decisiones imposibles.
Es un libro que me ha encantado primero de todo porque pone sobre el papel algunas teorías que me fascinan: el hecho de que podría haber especies en varios puntos del universo capaces de doblegar el espacio tiempo, de hacer evolucionar a una especie desde estados muy poco desarrollados (y de otras cosas con las que nos explotaría la cabeza).