Juré que nunca volvería a este palacio. Que nunca volvería a arrodillarme ante mi padre.
Pero me han traído a rastras a su jaula dorada, donde estoy atrapada bajo su dominio y atada a un destino del que había intentado escapar.
Puede maltratar mi cuerpo hasta hacerlo pedazos, puede robar mi magia para usarla a su antojo. Y por muchas noches que sueñe con Dacre irrumpiendo en estos salones, sacándome de la oscuridad, los sueños no son nada frente a la codicia de un rey.
Incluso si Dacre viene a por mí, incluso si me libero del control de mi padre, no estoy segura de que quede nada de mí que salvar.
El reino se está muriendo. La tierra se marchita bajo el peso de la magia robada, y el reinado de mi padre no terminará sin derramamiento de sangre.
Pero he vivido en la oscuridad durante demasiado tiempo.
La tensión y la magia alcanzan un nivel que no te deja respirar. Volvemos a encontrarnos con unos protagonistas que ya no son los mismos del primer libro; han crecido, han sufrido y se han roto, pero su conexión sigue siendo ese fuego que lo consume todo. Un romance que brilla con más fuerza cuando todo a su alrededor parece desmoronarse.