¿Qué harías si un bebé abandonado te devolviera, diez años después, al hombre al que nunca conseguiste olvidar?
Annie Calloway lleva diez años sin volver a Millbrook. Sin ver a Aiden Cooper. Sin pensar en la conversación que dejaron a medias la noche antes de que se fuera. O eso se dice.
Hasta que aparece un bebé en la comisaría y el condado le manda allí.
Tenía pensado llegar, resolver el caso y marcharse. Lo que no tenía pensado era que Aiden, que ahora es el sheriff del pueblo, no fuese a dejar ir al bebé a ningún sitio. Ni a ella tampoco.
Ahora los dos están juntos en un rancho, con un recién nacido que los tiene sin dormir y completamente derretidos, diez años de cosas sin decir y una química que no ha tenido la decencia de desaparecer.
Annie está enfadada. El bebé es lo mejor que le ha pasado nunca. Y Aiden sonríe cada vez que los mira a los dos. Nunca tuvieron la más mínima oportunidad de escapar.
Dios mío qué sufrimiento, jajajaja, creí que no iba a resolverse la historia. Qué manera de tener en tensión a la lectora, pero ha merecido la pena. Qué bonita es la novela, qué pena que haya terminado.