¿Y si la conexión más profunda no necesitara miradas?
¿Y si alguien pudiera leerte… incluso sin verte?
Irene se dedica a corregir las palabras de otros, pero hace tiempo que ha dejado de sentir las suyas. Vive rodeada de historias ajenas, en un mundo donde todo va demasiado deprisa… hasta que un mensaje anónimo en un viejo foro de escritura lo cambia todo.
El Ciego Del Reloj no busca aplausos. Escribe desde la herida. Desde un lugar sin máscaras. Y lo que empieza como un cruce de palabras en la noche se convierte, poco a poco, en algo más: un refugio, un espejo, una intimidad que desafía el tiempo, la distancia… y los miedos.
Pero ¿qué ocurre cuando lo invisible empieza a doler?
Cuando amar sin ver también implica enfrentarse a la verdad que no se dice.
Cuando el tacto que parecía seguro… empieza a temblar.
El tacto invisible es una historia sobre lo que no se ve, pero se siente.
Sobre el poder de las palabras.
Y sobre cómo, a veces, alguien puede tocarte sin rozarte la piel.
Un toque en el alma es esta historia, hay tanta ternura en ella. La comencé a leer sin grandes pretensiones y me llegó al corazón con un final que no esperaba. Me despedi sintiendo que me falta algo, que está allá afuera pero que todavía no lo he encontrado.