Cecilia Rhodes lo tenía todo: poder, dinero y una coraza perfecta.
Hasta que un accidente y un escándalo público la obligan a desaparecer de Manhattan y esconderse en su casa de la costa para aprender a caminar de nuevo… y a convivir con sus propios fantasmas.
Natalie Reynolds es enfermera de rehabilitación a domicilio. Profesional, directa, alérgica al drama de la gente rica. Acepta el trabajo porque es bueno para su carrera, no porque le apetezca vivir con una heredera problemática que se niega a aceptar ayuda.
El plan es sencillo: ejercicios, rutina, distancia emocional.
Pero el mar, una casa llena de recuerdos y un ático demasiado silencioso convierten la convivencia en algo más complicado: roces, confesiones nocturnas, miradas que duran un segundo de más.
Cecilia está convencida de que todo lo que ama termina desapareciendo. Natalie se ha prometido no volver a ser el secreto de nadie.
Y, aun así, cuanto más avanza la rehabilitación, más difícil es fingir que entre ellas solo hay un contrato.
“Cuidando a la heredera” es una novela romántica sáfica contemporánea con:
slow burn (muy) intenso
jefa distante & enfermera que no se deja intimidar
convivencia bajo el mismo techo
trauma, culpa y segundas oportunidades
besos que llegan tarde… pero llegan
Ideal si te gustan las historias de amor entre mujeres llenas de tensión contenida, vulnerabilidad y un final esperanzador.
Es fácil de leer y te engancha por cómo se va desarrollando la convivencia. No es exagerado, todo se siente natural, con sus roces, sus silencios y ese tipo de conexión que va creciendo poco a poco. Me gustó bastante, se disfruta.