Irene Soto tiene treinta y un años y tres meses para montar un espectáculo de fusión flamenco-contemporáneo que abra el Festival de Cádiz. El problema es que el bailaor que le han asignado piensa que la danza contemporánea es hacer el imbécil descalzo.
Rubén Carmona tiene treinta y cuatro años, unos zapatos de tacón que suenan como disparos y la convicción de que el flamenco no necesita que ninguna madrileña lo modernice.
Lo que empieza como un desastre de ensayos se complica cuando descubren que sus cuerpos hablan un idioma que ninguno de los dos controla. Porque fuera del escenario, Cádiz tiene terrazas que cierran tarde, callejuelas que huelen a jazmín y una brisa del Atlántico que desdibuja todas las líneas que habían jurado no cruzar.
Si te gustan las historias con humor, tensión sexual entre profesionales que no se soportan, escenarios que dan ganas de coger un vuelo y un bailaor que cocina tortillitas de camarones, esta es tu novela.
Desde que se conocen, todo es choque. Cada ensayo se vuelve un pleito, pero también algo que no pueden ignorar. Entre el flamenco y lo contemporáneo, la historia va encontrando su propio compás. Hay química, humor y ese ambiente de Cádiz que se siente en cada momento. Te quedas viendo cómo pasan del conflicto a algo mucho más intenso.